8 abr. 2011

Mercadear con sentimientos


Parecen unas sillas de diseño más, con un aire kitsch, presentadas en alguna nave industrial reconvertida del distrito 22@ o del Poble Nou de Barcelona.

En El Periódico se narra brevemente la historia de estas sillas. Un día un "diseñador" que pedaleaba por las playas de Yoff, al noroeste de Dakar (Senegal), quedó prendado de las embarcaciones de madera abandonadas en la arena. Tuvo la perversa idea de adquirir las barcas para reconvertir el material en muebles, con el trabajo de carpinteros senegaleses. Tal y como explica literalmente "aprovecho la creatividad y las fuentes de inspiración de esos étnicos trazos de colores primarios que han recorrido miles de millas..."

Me parece terrible esta presentación. Esas barcas, aún abandonadas, son patrimonio de un pueblo de gente sencilla, que vive como puede de la pesca. Esas barcas, o sus deshechos, son algo más que simples maderas pintadas con clores étnicos, que un foráneo pueda mancillar sin más. Son sentimientos, emociones superpuestas por generaciones pasadas que resumen el esfuerzo, el dolor, la lucha de hombres y mujeres humildes, con una dignidad y una entereza impoluta.

Lo siento, no tiene ningún derecho, ni moral ni ético. En los puntos de venta de Barcelona donde se pueden adquirir observo los precios: Mesa baja 1200 €, cómoda 4 cajones 1900 €, taburete 260 €. ¿Cuantas mesas, cómodas y taburetes nacen de una barca? ¿Cuanto paga por cada una? ¿Que beneficio reporta a los senegaleses su madera, su creatividad y su trabajo?. Sospecho negocio seguro sólo para este "diseñador".

No tiene derecho, moral y ético, porque no vende un diseño, vende un sentimiento. Si vendiera puramente diseño podría construir los muebles con restos sacados de cualquier vertedero de las inmediaciones a Barcelona. Me temo que no haría negocio. El negocio está en vender una emoción, una ilusión, una tragedía o una fiesta, de un senegalés de Yoff, vivo o muerto. Eso no es diseñar, eso es simplemente mercadear.

Quedarán muy bien estos muebles, en alguna casa de diseño de la zona alta de Barcelona. Sólo espero que el "pijo" de turno que adquiera una silla o un taburete, en un momento de lucidez, si la tiene, apoye sus posaderas sobre el mueble e intente transportarse a la vida, o a la muerte, de algún senegalés que zarpó y zozobró mientras pescaba para su familia.

En el diario se dice "Fara Mendi, jefe de carpinteros en el taller de Yoff, asegura que hoy la piragua simboliza la esperanza para muchos emigrantes que buscan otra vida mejor". Cuanta razón tiene. Esa piragua, patera o cayuco, como mejor se le quiera decir, puede ser la esperanza. Para los senegaleses de la playa de Yoff, que seguro que desconocen los precios de venta de sus muebles en Barcelona, podría serlo si decidieran comercializar sus tesoros ellos mismos, sin mercaderes intermediarios. Que vendan lo poco que tienen como un souvenir, si eso es lo que quieren, pero que lo hagan ellos que son los únicos que tienen derecho.

Señor "diseñador". Si quiere ayudar a esta gente, vuélvase con el zurrón cargado de peces, que ellos ya saben pescar. Eso sí, tenga presente que irá tan cargado que no podrá volver en bici.

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