Hace unos años, paseando por la Rambla con mis hijos, nos acercamos a una estatua humana disfrazada de gorila. Por su tamaño parecía un macho alfa, de espalda plateada y gran corpulencia, reproducción casi perfecta de un ejemplar de las montañas de Virunga en África Oriental. Mi hijo de tres años se acercó sigilosamente y ante la sorpresa de los presentes trepó, como si se tratara de una pequeña cría de simio, hasta la altura de su cabeza. Por un momento, los papeles se cambiaron y recordé a King Kong trepando por el Empire State hasta la coronación del mismo. En las alturas, mi pequeño mono, pellizco temerariamente la nariz del gran primate, para comprobar que estaba vivo. El gorila, animal salvaje en esencia, lejos de devolverle un revés de izquierdas, hizo honor a su condición de estatua y ni se inmuto, lo que provocó mi absoluta admiración y la del coro de gente que rodeaba su presencia.
![]() |
Cariátides |
Hace unos años, paseando por la Rambla con mis hijos, nos acercamos a una estatua humana disfrazada de gorila. Por su tamaño parecía un macho alfa, de espalda plateada y gran corpulencia, reproducción casi perfecta de un ejemplar de las montañas de Virunga en África Oriental. Mi hijo de tres años se acercó sigilosamente y ante la sorpresa de los presentes trepó, como si se tratara de una pequeña cría de simio, hasta la altura de su cabeza. Por un momento, los papeles se cambiaron y recordé a King Kong trepando por el Empire State hasta la coronación del mismo. En las alturas, mi pequeño mono, pellizco temerariamente la nariz del gran primate, para comprobar que estaba vivo. El gorila, animal salvaje en esencia, lejos de devolverle un revés de izquierdas, hizo honor a su condición de estatua y ni se inmuto, lo que provocó mi absoluta admiración y la del coro de gente que rodeaba su presencia.