4 ago. 2012

La villa de Mandrot



La composición es estructurada por el paisaje. La casa ocupa un pequeño promontorio que domina el llano detrás de Toulon, respaldado por una magnífica silueta de montañas. El lugar ofrece el impresionante espectáculo de un vasto paisaje desplegado y la inesperada naturaleza de este ha sido conservada emparedando las habitaciones principales el lado hacia las vistas y disponiendo sólo una puerta que se abre, con un porche desde el cual la súbita visión es como una explosión.

Si tuviera que destacar alguna vivienda unifamiliar, resaltaría sin duda la Villa de Mandrot de Le Corbusier de 1930. Una pequeña casa de fin de semana situada a las afueras de Toulon, desde donde puede dominarse una gran panorámica. La parcela es alargada en la dirección N-S, de manera que la vivienda situada en el centro divide el terreno en dos partes, la de acceso y la posterior, más privada.


Descubrir este edificio es transitar un camino de aproximación. Fijado el inicio en la entrada a la finca, el espectador siente como es dirigido hasta el acceso a la vivienda. Frente al conjunto y en la distancia, coincides con un eje de simetría marcado por dos planos perpendiculares a la dirección N-S, que sobresalen (la fachada de la casa de invitados y el ala corta del edificio principal), uno respecto de otro, unidos por un pesado zócalo de piedra. Otro plano posterior, que corresponde a la fachada principal de la vivienda, queda parcialmente escondido al aproximarnos debido al desnivel del terreno y a la vegetación  sobre la misma terraza. De esta manera el exterior es un conjunto de superficies planas a diferente profundidad.

Vista en planta en la dirección N-S
El visitante localiza las escaleras de acceso a la plataforma súbitamente, como si éstas estuvieran escondidas expresamente para preservar la entrada. Giras sobre ti mismo para iniciar la subida y mientras asciendes te encuentras frente a "un vasto paisaje desplegado". Desde la terraza, desde la arquitectura, dominas el espectáculo que te envuelve. De nuevo el visitante se gira sobre si mismo para redescubrir una segunda fachada, un segundo campo de visión.

Le Corbusier obliga al espectador a desplazarse para recuperar la posición sobre el eje de simetría frente a una escultura. ¿Qué nueva perspectiva se encuentra el espectador?. El plano del fondo, la fachada principal es recogida a través de dos planos laterales simétricos que focalizan la atención en un punto, el punto de fuga. Un punto oculto tras una escultura, para aproximar la fachada al visitante. ¿Hacia dónde rodear la escultura si la perspectiva es simétrica?. La puerta de acceso quedará desplazada respecto el eje de simetría, sobre la pared maciza que no tiene más hueco que el de la propia puerta de entrada, para destacarse respecto del gran ventanal modulado por la marquetería, al otro lado del eje de simetría. De esta manera, el paramento sólido y macizo que destaca en el exterior permitirá preservar el interior, que será percibido como una nueva impresión.


La terraza es un elemento unificador del conjunto sobre la que apoyan, de un lado, la vivienda propiamente dicha de la Sra. Mandrot, y de otro, el volumen independiente como casa de invitados. Esta plataforma está definida por muros perimetrales curvos de piedra que la elevan sobre el suelo. El visitante experimentará un recorrido de ascenso desde el mundo de lo orgánico, hacia el mundo de la geometría, racional y modulado, que se manifiesta en el despiece del pavimento y en la composición modulada de la fachada.

Una vez rebasada la escultura que protege la entrada, el visitante se encontrará frente a la puerta principal. Entrará en un recibidor bañado por la suave luz tamizada de la fachada modulada.


La vivienda y la casa de invitados responden a una composición modular que se repite. En cada uno de los siete módulos que componen el conjunto, cambia la superficie perimetral de las fachadas, para hacer del interior un espacio doméstico, controlado. Los muebles, las carpinterías y los tabiques definirán un espacio acogedor, a la medida del visitante.


El conjunto divide el terreno en dos zonas, la que define el ingreso y la posterior. Mientras que en la zona de acceso la escalera principal está resguardada, en la parte posterior la escalera se hace evidente, en un trayecto directo que incide con rotundidad sobre la fachada posterior. La escalera del acceso norte quedará claramente expuesta dentro de un entorno privado.



El edificio es una sucesión de planos que, como tales, no giran sobre la esquina. Los planos se entregan a través de un elemento neutro (carpinterias) impidiendo la unión en ángulo, excepto en dos puntos. Cuando el visitante se aproxima desde el norte através del sendero, el campo visual se limita y la esquina se reduce a la entrega de un plano frontal y otro, perpendicular, en escorzo. La mirada del espectador después del choque visual se diluirá a través del plano perpendicular deshaciendo la esquina. Hay esquina pero no se aprecia como tal. En la casita de invitados sucede algo similar en la unión sólida entre muros. A pesar de que el campo visual en este punto se ha incrementado aparece un plano de vegetación paralelo al sendero y a uno de los muros de la casita. De esta manera la vegetación esconde nuevamente la esquina. Hay de nuevo esquina pero no se aprecia como tal.

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