6 may. 2011

Centro cultural Teresa Pàmies de Victor Rahola y Jorge Vidal



Algo ha cambiado en el Eixample de Barcelona. Subiendo por la calle Urgel, entre las calles de Mallorca y Provenza, nace un volúmen irregular de superficie contínua y acristalada. Desde la calle, por una hendidura en planta baja, atisbo un patio interior de manzana, delimitado por las fachadas de los edificios circundantes. Accedo por la hendidura, através de una calle interior y me dejo llevar por las emociones. Podía tratarse del inicio de un cuento, de una historia como la de "Alicia en el país de las maravillas", que empieza cuando la niña cae por accidente, en un pozo que la transporta a otra realidad.

Mi cuento continúa recorriendo el interior de este nuevo mundo. Dobles y triples espacios misteriosos, luz cenital, interiores y exteriores sin límite, transparencias totales dentro fuera, fuera dentro. Cada planta es diferente, la sorpresa es permanente. Espacios recogidos negocian con salas diáfanas que se cruzan. Las fachadas de Coderch, los volúmenes de hormigón de Le Corbusier, los recorridos de Aalto...homenajes a arquitecturas de cuento.

Se trata de un juego de lógica. Trabajar con ideas el razonamiento deductivo, para ir de lo general a lo particular. Deduzco en esta obra un gérmen, un pronto, rápido y preciso, y un proceso de desarrollo lento y de síntesis.

Sigo caminando y me encuentro, por sorpresa, con el protagonista del cuento. Es un humanista, que ejerce de arquitecto para hacer Arquitectura. Me dejo llevar por él, o mejor dicho, lo sigo como al Conejo Blanco del cuento, cuya persecución desemboca en nuevos descubrimientos. La lógica aplicada al mundo de los niños, una ludoteca, un jardín de infancia, una biblioteca, libros, cuentos y más cuentos. De golpe paramos y me enseña la ciudad, el paisaje circundante, la calle. Lo importante no está dentro, está afuera. Esa es la actitud de la buena Arquitectura, respeto y humildad.

Abandonamos el pozo de luz, pero esta vez a la inversa, de arriba a abajo, por un ascensor acristalado. Antes recordamos el comentario del  Gato de Cheshire, una vecina del barrio que con su amplia sonrisa se ha acercado para recordarnos que los ascensores no tienen memoría. Puede que sea cierto, porque sean recién nacidos o simplemente porque la memoría no está en los ascensores sino en los libros, y de ahora en adelante en este edificio. El tiempo hará justicia, y colocará a Victor Rahola en la Memoria, entre los grandes referentes de nuestra Arquitectura.

P.D: Los cuentos hay que vivirlos antes que escucharlos. Si alguien quiere revivir este, puede que se encuentre con un gato que desaparece gradualmente hasta sólo quedar su sonrisa. Podreis ver a un gato sin sonrisa, pero nunca a una sonrisa sin gato.


Adolfo Zulueta Vallejo

Dedicado a Victor Rahola, Arquitecto

2 comentarios:

  1. Tenia ganas de visitar este nuevo edificio , pero con tu descripción se ha convertido en una urgencia . Espero que me hagas de guia .

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  2. Encantado de acompañarte. Por un lado, es un lugar acogedor para pasar un buen rato de consulta, y por otro, es un espacio que se expande más allá de sus límites físicos, lo que te permite meditar mientras disfrutas del entorno.

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