24 feb. 2011

Plazas del mundo. Wenceslao, Tiananmen, Tahrir, Perla de Manama...

Ágora

En tiempos de la Grecia clásica, el ágora era por excelencia, el espacio de concentración de actividades diversas. No era sólo una plaza, era un auténtico centro neurálgico de reunión, escenario de una intensa actividad social, política y mercantil. Se situaba en el centro de las ciudades, como punto focal de encuentro.

En los asentamientos romanos, el foro situado en la intersección del decumanus y del cardo, era el ágora griego. El Foro Romano constituía el centro de Roma y era el emplazamiento tradicional del mercado y lugar de reuniones públicas.

En ambos casos, el ágora o el foro, espacios de intercambio cultural, fueron posibles a partir de un cierto desarrollo sociológico, de una comunidad donde el ser humano anónimo se convierte en "ciudadano".

Los ciudadanos de una comunidad adquieren derechos, que son reivindicados en espacios públicos de reunión. Estos espacios se convierten a la postre en el motor de cambio de una sociedad.

En 1968, las tropas del Pacto de Varsovia invadieron la antigua Checoslovaquia para acabar con las reformas del gobierno de Alexander Dubcek. Tras autoinmolarse el joven Jan Palach, el pueblo se sublebó en contra de la ocupación en la plaza de Wenceslao.

Monumento homenaje a Jan Palach en la plaza Wenceslao

En 1989, estudiantes de la República Popular China se manifestaron en la plaza de Tiananmen contra el gobierno del Partido Comunista. Todos recordamos la imagen de un estudiante desafiante, frente a una columna de carros blindados.

Plaza de Tiananmen


La plaza Tahrir en Egipto o la plaza Perla de Manama en Bahrein y tantas otras plazas utilizadas  hasta la fecha por dictadores, príncipes y reyes autoritarios, militares, gobernantes fascistas, como escenario para realizar demostraciones de poder, desde desfiles militares hasta discursos represores, se han convertido en el detonante, en el germen de la reivindicación. El pueblo soberano se revela en la plaza, donde un día adquirió su nueva condición de conjunto de ciudadanos, para exigir el reconocimiento de sus derechos, el reconocimiento de su libertad.

Es curioso como en estos tiempos de comunicación instantánea a través de las redes sociales, los ciudadanos necesiten concentrarse físicamente en las plazas, sentirse protegidos y apoyados por el roce del conjunto, y así desde la explosión multitudinaria, lanzar la onda expansiva de la libertad hasta el infinito.

Hoy hemos comprobado como desde una plaza se puede cambiar no sólo un país sino el mundo entero.  


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