11 dic. 2010

Calzando edificios

Cosas de arquitectos



Debe ser un mal de arquitecto, pero tengo una cierta tendencia por arquitecturizar todo aquello que veo. Cuando voy en el metro, o cuando estoy en la cola de la caja del súper, o en algún otro lugar obligado a esperar, observo con interés el equilibrio estético y constructivo, entre la vestimenta y la percha de la gente que me rodea. Como si se tratara de edificios, estudio la estructura corporal y facial de los presentes y entonces les intercambio los revestimientos, la fachada, los unos a los otros. En este juego de combinaciones a veces aparecen aberraciones, difícilmente disimulables en mi pensamiento y entonces sonrío. Desde mi criterio, pocos de los sujetos son coherentes en la relación estructura-fachada. Lo que llamamos “ser parte de un todo”.

Entre la parte de un todo se circunscribe el zapato. La mirada siempre me rebota a los pies y analizo con admiración esta parte del cuerpo. El zapato es el tránsito entre el cielo y la tierra, el elemento de comunicación entre dos mundos de distinta naturaleza. El zapato, más allá de ser una suela con un revestimiento, condiciona, determina, influencia por capilaridad el resto del cuerpo al que acompaña. Tiene la particularidad de trasladar con extrema eficacia el peso de los cuerpos y de rebotar con la misma eficacia la energía en dirección contraria. Con los edificios pasa exactamente lo mismo. Se asientan en zapatas u otro tipo de cimentaciones con la misma función que realiza un zapato para nosotros. La cimentación más allá de su función, es decir, la de descargar, condiciona la entrega del edificio sobre el terreno influyendo en su diseño.

En una entrevista le preguntaron a Monolo Blahnik, arquitecto del calzado, como era el zapato perfecto y este contesto “es el zapato que combina armonía, comodidad, equilibrio y diseño”. Las obras de Arquitectura combinan todos esos elementos, sobre todo en ese nivel tan fronterizo entre lo terrenal y lo celestial. Me vienen a la cabeza edificios singulares donde este tránsito es tan fluido que la relación entre lo superior y lo inferior se vuelve inmaterial, la casa Farnsworth de Mies van der Rohe o la Villa Savoye de Le Corbusier.

Manolo Blahnik dijo en esa misma entrevista “Tardé diez años en aprender a hacer un zapato como es debido, pero hasta ahora no he conseguido el zapato perfecto. Me he aproximado mucho, pero no lo he logrado. Es una tarea pendiente

En las obras que he realizado, no he conseguido hasta la fecha, calzarle unos “manolos” a mis edificios. Más allá de cimentar un edificio, me parece dificilísimo conseguir este tránsito perfecto entre niveles con armonía, comodidad, equilibrio y diseño.

(Las fotografias de esta entrada pertenecen a la colección de Manolo Blahnik)



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