20 feb. 2012

El elogio de la sombra. Junichiro Tanizaki



Hace unos días un amigo me pasó un enlace en Facebook sobre una casa en Ropponmatsu, Japón, obra del equipo de arquitectos Kazunori Fujimoto Architect & Associates. El edificio, entre varias lecturas, es un excelente ejemplo de como presentar el hormigón visto. Desprovisto hasta la desnudez de accesorios e incluso de tratamientos que pudieran adulterar su condición, el hormigón impoluto es la esencia de esta obra. Su puesta en escena es precisa y cuidada. Es el resultado de un proceso perfectamente controlado, donde lo que se ve es el negativo del molde bien proyectado y bien ejecutado y el color grisáceo es el natural, propio de la dosificación sin pigmentos o aditivos. La pulcritud (en el sentido más aséptico) elevada a la máxima expresión.



Kazunori Fujimoto Architect & Associates
Kazunori Fujimoto Architect & Associates















Partiendo de mi desconocimiento sobre la cultura oriental, más allá de algún texto y de alguna imagen, leo "El elogio de la sombra" de Junichiro Tanizaki, escrito en 1933. De entrada, el libro presenta una reflexión que dice: En Occidente, el más poderoso aliado de la belleza fue siempre la luz; en la estética tradicional japonesa lo esencial está en captar el enigma de la sombra.

Por asociación de ideas, el texto me remite al recuerdo de la casa Sugimoto de Kyoto, construida en 1743; un conjunto de cubiertas de teja, con aleros que sobrevuelan el perímetro y que definen por debajo un espacio de sombra. La oscuridad, por contraste con el reflejo de la luz del entorno  es tan densa, que parece materia.  En el interior, los diferentes  grados de opacidad creados en parte por los shòji (tabiques móviles de listones y papel), filtran y tamizan la luz,  para definir los distintos ámbitos en penumbra:  Lo bello en el seno de la sombra. Los últimos rayos del atardecer vislumbran entre tinieblas las motas de polvo que se agitan fugazmente antes de depositarse. Conservar el polvo, la patina que se acumula como un ingrediente de lo bello, parte consustancial que evoca el paso del tiempo. Esa es la esencia.

Efectivamente, Japón está irreversiblemente encauzado en las vías de la cultura occidental, tanto que no le queda sino avanzar valientemente dejando caer a aquellos que, como los viejos, son incapaces de seguir adelante.

Vuelvo a la casa de Ropponmatsu para recordar, entre penumbra, que soy incapaz de seguir adelante. 


Foto extraída del blog del Instituto Cultural Chileno-Japonés




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