3 ago. 2011

Paseo por el jardín botánico de Barcelona



Hacía años que no iba al jardín botánico, de hecho no iba desde niño y de esto hace mucho tiempo. No tengo recuerdo de los largos paseos en otoño de la mano de mi abuela, tan sólo una imagen borrosa de ambos, en una foto de color sepia, al lado de un gigantesco cactus "Carnegiea gigantea" de California.

La semana pasada volví a esta lugar. El jardín ha cambiado desde que en 1991 se iniciaran las obras para un nuevo espacio, que fuera centro de referencia para la conservación de la flora mediterránea. El proyecto, a cargo de un grupo pluridisciplinar, con Carlos Ferrater, Josep Lluís Canosa y Bet Figueras como arquitectos, plantea varias soluciones ingeniosas.

El desarrollo del espacio pasa por adaptar una malla triangular a la topografía del terreno. Así de fácil y así de complejo. El terreno está conformado por una sucesión de triángulos, con la particularidad de que dos de los vértices de cada triangulación están apoyados sobre la misma curva de nivel, mientras que el tercero, es decir, el que define la pendiente de la porción, se halla en otra curva.

Se trata de un espacio de fractales que organizan sutilmente el paisaje. Entre los lados compartidos de los triángulos surgen caminos, más o menos amplios, que proponen recorridos contínuos que se cruzan de forma natural.

Un jardín de idea, un paisaje construido, una experiencia para repetir y recordar con los años.

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